Aquellas preciosas niñas de destinos distantes,
una blanca de rotro pecoso y mejillas sonrosadas,
una morena, de sonrrisa amable y ojos profundos.
Dos nenas que se convertirian en matriarcas,
dos jefas de familia que darian su vida entera por sus hijos
que criarian una decena de almas,
encaminandolos en la vida.
Ambas mujeres de trabajo, entre harinas y levadura.
Como amaban los atardeceres,
sentadas casa una en su portal, al calor de un buen puro.
Con la mirada perdida en el paisaje del campo,
pensando, recordando, soñando.
Soñando con el futuro, con sus hijos, con sus nietos,
Como sera mi familia cuando no este? se pregunta,
lejana al fondo de esa mirada, alla donde apenas logro visualizar
alla donde solamente pudo imaginar, alli estoy yo
Escribiendo acerca de esas grandes señoras que la vida solo me dejo imaginar.
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